lunes, 26 de noviembre de 2007

Muchos estadounidenses no pueden costearse comer sano

JUEVES 22 de noviembre (HealthDay News/Dr. Tango) -- En esta tierra y época de abundancia, los estadounidenses de bajos ingresos y de áreas rurales siguen teniendo dificultades para encontrar alimentos saludables que sean asequibles, según plantea un estudio reciente.

Un estudio muestra que los estadounidenses de bajos ingresos tienen que gastar a partir de ahora hasta un setenta por ciento más de su presupuesto alimenticio en frutas y verduras para poder cumplir con las directrices alimentarias nacionales de una dieta saludable.

Otro estudio halla que en las áreas rurales, las tiendas de autoservicio superan en número a los supermercados y tiendas de comestibles, aunque estos últimos ofrecen una mayor variedad de opciones asequibles de alimentos saludables.

"Yo creo que es una cuestión de aumentar el nivel de concienciación entre los profesionales de la salud -- dietistas, educadores en diabetes o incluso médicos -- de que cuando recomiendan a una persona comer más frutas y verduras la situación en realidad es más complicada si vive en un área rural", dijo Angela Liese, autora del estudio del segundo informe y profesora asociada de epidemiología y bioestadística de la Facultad de salud pública Arnold de la Universidad de Carolina del Sur en Columbia.

"Existe la necesidad de reconsiderar la forma en que se hacen estas recomendaciones", apuntó Liese.

Ambos estudios aparecen en la edición de noviembre del Journal of the American Dietetic Association, dedicada a la pobreza y al desarrollo humano.

Las nuevas directrices alimentarias recomiendan a los estadounidenses ingerir nueve raciones de frutas y verduras al día. Las antiguas directrices aconsejaban consumir cinco raciones.

A pesar de que existe evidencia clara de que consumir verduras puede mantener a raya la enfermedad cardiaca, la diabetes y el cáncer, sólo el cuarenta por ciento de los estadounidenses cumple con las directrices anteriores y menos del diez por ciento con las nuevas, de acuerdo con un estudio de 2006.

Las personas más acaudaladas consumen más frutas y verduras que los que tienen menos dinero, según muestra la investigación. A su vez, los más pobres también asumen una mayor carga por enfermedad en relación con los más ricos.

"Ingerir más frutas y verduras podría reducir la carga por enfermedad. Es por ello que planteamos nuevas directrices. La justificación científica es bastante sólida en este sentido", dijo Diana Cassady, autora principal del primer estudio, con respecto al costo de los alimentos.

"Lo que la profesión necesita hacer no es sólo descifrar la ciencia y elaborar las directrices apropiadas, sino determinar cómo se puede ayudar a la gente a cumplir esas directrices", señaló Cassady, profesora asistente de ciencias de la salud pública de la Universidad de California en Davis.

El primer estudio de Cassady calculó el costo promedio de una "canasta familiar" de frutas y verduras según el Thrifty Food Plan (Plan de Alimentos Económicos) de las directrices alimentarias de 1995. Luego compararon ese costo con el de la canasta de las directrices de 2005. La encuesta se llevó a cabo en 25 supermercados de Sacramento y Los Ángeles a lo largo de tres periodos de tiempo, lo que permitió estudiar las variaciones en los precios de los productos frescos por temporada.

Hubo algunas buenas noticias. La canasta de 2005 en realidad costaba 4 por ciento menos que la canasta de 1995, hallaron los investigadores. Las frutas y las verduras eran más económicas en las áreas de bajos ingresos y en la mayoría de los supermercados, anotaron los investigadores.

Sin embargo, una familia de bajos ingresos de cuatro miembros aún tenía que gastar un porcentaje muy elevado de su presupuesto alimenticio en frutas y verduras en 2005 para poder cumplir con las directrices nacionales de una dieta saludable.

"Los estadounidenses gastan por lo general el quince por ciento de su presupuesto alimenticio en frutas y verduras, pero según nuestra encuesta de precios, las familias de bajos ingresos tendrían que gastar entre el cuarenta y el setenta por ciento de su presupuesto en frutas y verduras", dijo Cassady. "Necesitamos realmente repensar qué tipo de campañas educativas y qué tipo de consejo debemos dar a las familias de bajos ingresos. La asignación de cupones alimenticios podría y probablemente debería aumentar y el gobierno podría desempeñar un mejor papel si fomenta los mercados de agricultores y las fuentes de frutas y verduras de bajo costo".

El otro estudio fue realizado en Orangeburg County, Carolina del Sur, un área rural con una población de más de 91,000 habitantes, el 63 por ciento de los cuales está compuesto por minorías.

Cerca del veinte por ciento de los estadounidenses viven en áreas rurales, pero el "entorno nutricional" de estas áreas sigue sin ser explorado a fondo, dijo el equipo de Liese.

Los investigadores identificaron a 77 tiendas en el condado en 2004, de las cuales sólo el 16 por ciento eran supermercados y el diez por ciento tiendas de comestibles. El 74 por ciento restante eran tiendas de autoservicio.

Había siete tiendas por cada 259 kilómetros cuadrados y ocho tiendas por cada diez mil residentes del condado.

Los supermercados y las tiendas de comestibles tenían una mayor oferta de alimentos saludables. La leche descremada y baja en grasa, las manzanas, el pan rico en fibra, los huevos y el pavo ahumado se conseguían en entre el 75 y el 100 por ciento de los supermercados y tiendas de comestibles, en comparación con entre el cuatro y el 29 por ciento de las tiendas de autoservicio. Apenas el 28 por ciento de todas las tiendas vendía cualquier tipo de frutas o verduras incluidas en la encuesta, manzanas, pepinos, naranjas y tomates. Las tiendas de autoservicio tendían a cobrar más por esos artículos que los supermercados.

"La disponibilidad relativa de productos saludables frente a los no saludables era prácticamente menor, así que la gente tenía más acceso a alimentos no saludables", dijo Tom Farley, coautor de Prescription for a Healthy Nation y profesor de ciencias de la salud comunitaria de la Facultad de salud pública y medicina tropical de la Universidad de Tulane en Nueva Orleáns. "Esto sugiere que la razón medioambiental primaria por la que la gente sigue dietas poco saludables es una mera cuestión de accesibilidad"."

"Hay ciertos aspectos de la política pública en los que podemos influir y otros en los que no", agregó Farley. "Resulta difícil influir en lo que ocurre dentro de la cabeza de cada persona, pero sí podemos lograr efectos en las tiendas con subsidios, incentivos financieros, directrices y presión pública"
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