sábado, 27 de octubre de 2007

El romance de los hospitales podría ser sobre todo ficción

JUEVES 25 de octubre (HealthDay News/Dr. Tango) -- ¿Es trabajar en un hospital o consultorio médico una receta para la pasión?

Si se creen las historias del floreciente y apasionado género de las novelas románticas médicas, la respuesta sería un definitivo "sí".

Pero un psiquiatra que escribió a la sección de correspondencia de la edición del 27 de octubre de The Lancet realizó un estudio de tales novelas y asegura que la medicina de la vida real es mucho menos tórrida.

"La sala de emergencias real es mucho menos emocionante, lamento informarles", afirmó el Dr. Brendan Kelly, catedrático principal de psiquiatría del Colegio universitario de Dublín de Irlanda.

Sin embargo, otros no están de acuerdo.

"El potencial para el romance es alto en los ambientes emocionalmente intensos, como los hospitales", apuntó el Dr. Mark Fendrick, profesor de medicina de la Universidad de Michigan, quien recientemente encontró, y se casó con, su amor verdadero en un centro médico académico.

Sin embargo, hay una advertencia. "El horripilante historial de longevidad de los matrimonios médicos muestran una vez más que la ficción no imita a la realidad", dijo Fendrick.

Según la carta de Kelly, la literatura romántica genera unos $1.2 mil millones en ventas anuales y es responsable de casi el 40 por ciento de toda la literatura vendida en los Estados Unidos.

La novela romántica médica parece ser un importante subgénero en esa categoría. Kelly encontró su primer romance médico (en una novela) hace unos años y lo reseñó para una revista médica irlandesa.

"Escribo con frecuencia para los periódicos médicos irlandeses. De hecho, escribo artículos de investigación, pero esto estimuló más respuestas que la totalidad del trabajo de toda mi vida hasta el momento", dijo. "Muchos de mis colegas observaron que había comenzado a escribir para los periódicos médicos. Bueno, había estado escribiendo durante años, pero la gente no recordaba nada excepto esto".

La reseña inicial de Kelly se mofó del "gallardo héroe italiano que siempre se topaba con emergencias en la calle, se quitaba la camisa y resucitaba a la paciente, que siempre era una dama. Nunca estaba claro por qué tenía que quitarse la camisa para hacerlo, pero lo hacía siempre. Era increíble".

Kelly decidió estudiar más novelas, veinte de ellas para ser exactos, durante unas vacaciones recientes de dos semanas.

Las novelas contenían tramas heterosexuales y ambos protagonistas estaban involucrados en algún trabajo médico. La mayoría se ambientaban en atención primaria o medicina de emergencia (siete cada una), lo que incluía departamentos de emergencia (cinco) y equipos médicos aerotransportados (dos). El resto se ambientaba en hospitales generales (tres) y centros de maternidad (tres).

Los protagonistas masculinos eran médicos que trabajaban en centros de emergencia (seis), atención primaria (seis), cirugía (cinco), obstetricia y ginecología (dos), o pediatría (uno).

Once de las veinte protagonistas eran médicas que trabajaban en atención primaria, obstetricia y ginecología, programas de capacitación o residencia, cirugía, anestesiología o medicina de emergencia. Las demás protagonistas eran ocho enfermeras y una paramédica.

Las parejas más comunes eran médico y médica (11), seguido por médico y enfermera (ocho).

"Los médicos son brillantes, las enfermeras son duras pero amorosas y todos los pacientes están gravemente enfermos, aunque todos mejoran, sobre todos los bebés enfermos, a quienes les va milagrosamente bien", apuntó Kelly.

Los médicos también tienden a ser altos y musculosos, de facciones esculpidas y con frecuencia mediterráneas. Muchos también habían sufrido tragedias personales en el pasado.

Y aunque Kelly afirma no tener ascendencia mediterránea ni rasgos esculpidos, sí encaja con uno de los estereotipos de estos libros: Es un médico que se casó con una médica. Kelly conoció a su esposa de tres años en la facultad de medicina y admite, con cierta renuencia, que su declaración de que "no tengo conflicto de interés" hecha a The Lancet tal vez no fue del todo precisa.
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