jueves, 11 de octubre de 2007

Relacionada la terapia para el cáncer de próstata con riesgos cardiacos

MARTES 9 de octubre (HealthDay News/Dr. Tango) -- Un estudio reciente sugiere que los pacientes de cáncer de próstata que reciben terapia de privación de andrógenos, una forma común de tratamiento hormonal que se ha comprobado que retrasa el desarrollo de los tumores y alarga la vida, podrían enfrentarse a un riesgo casi tres veces mayor de morir de enfermedad cardiaca.

Los autores del estudio aseguraron que el peligro aparente es causado por una reducción en los niveles de testosterona que es clave para la efectividad de la terapia de privación de andrógenos (TPA) para mantener a raya el cáncer de próstata.

Esta reducción en la testosterona puede provocar resistencia a la insulina, lo que conduce a la diabetes tipo 2, así como a un aumento en la masa corporal, la grasa corporal y el llamado colesterol malo. En conjunto, este grupo de problemas es llamado "síndrome metabólico", una afección que por mucho tiempo se ha relacionado con complicaciones cardiacas.

"Sin embargo, me parece que en general la TPA sí ayuda a los pacientes de cáncer de próstata y hasta que se estudie más a fondo esto no se puede considerar como prueba de que hay una relación entre los efectos cardiacos y la terapia hormonal", aseguró el Dr. Henry K. Tsai, autor del estudio, quien durante el periodo del estudio trabajaba como residente en entrenamiento del programa de oncología de radiación de la Harvard en Boston.

"Aún así, los pacientes necesitan tener en cuenta que deben ser evaluados cuidadosamente por su médico para determinar si son candidatos apropiados para la terapia hormonal y para ser informados sobre los riesgos potenciales", agregó Tsai.

Este nuevo hallazgo, publicado en la edición del 17 de octubre de la Journal of the National Cancer Institute, sigue a la investigación publicada en 2005 que resaltó la relación entre la TPA y un mayor riesgo de fracturas y osteoporosis.

Los nuevos hallazgos se basan en un análisis de registros médicos y en cuestionarios respondidos por cerca de 4,900 pacientes entre los 39 y los 86 a los que se les había diagnosticado cáncer de próstata localizado entre 1995 y 2004.

Los pacientes habían participado en un proyecto nacional más grande de investigación sobre el cáncer de próstata en el que había más de 13,000 hombres, durante el cual habían indicado si tenían alguna complicación médica preexistente además del cáncer.

De los 4,900 pacientes, cerca de 3,300 se habían sometido a cirugía de extirpación de la próstata luego del diagnóstico.

El resto se sometió a tratamientos no quirúrgicos, como radioterapia de rayo externo, braquiterapia (que consiste en introducir gránulos radiactivos diminutos en la próstata) y / o crioterapia (que consiste en congelar las células tumorales).

Además, 266 de esos pacientes que se sometieron a cirugía y 749 de los que recibieron un tratamiento alternativo también recibieron terapia de privación de andrógenos.

Se le dio seguimiento a los pacientes durante un promedio cercano a los cuatro años después del comienzo de los tratamientos. Los pacientes que recibieron TPA la recibieron durante un promedio cercano a los cuatro meses.

Tsai y sus colegas hallaron que los pacientes que tenían más de 65 que se habían sometido tanto a cirugía de extirpación de la próstata y a TPA tenían un riesgo 5.5 mayor de morir por un evento cardiaco en cuestión de cinco años tras comenzar el tratamiento hormonal. Esto se comparó con un riesgo dos por ciento superior entre los pacientes mayores de 65 que sólo se sometieron a cirugía.

El cambio en el "riesgo relativo" fue similar entre los pacientes más jóvenes. Los menores de 65 que se sometieron a cirugía y a terapia hormonal tenían un riesgo 3.6 por ciento mayor de muerte por enfermedad cardiaca en cuestión de cinco años, en comparación con un riesgo de 1.2 por ciento entre los que sólo se sometieron a cirugía.

La TPA no se relacionó con un mayor riesgo cardiaco entre los pacientes que se sometieron a algunos de los tratamientos no quirúrgicos.

Un editorial acompañante del estudio solicita mayor investigación sobre el tema.

Jerome Seidenfeld y sus colegas del Centro de salud de la Universidad de Connecticut sugieren que aunque el análisis de Tsai de información recolectada anteriormente plantean una "hipótesis interesante", no se puede probar una relación definitiva con el riesgo de cáncer hasta que se lance un ensayo clínico de pacientes de cáncer de próstata que estén recibiendo tratamiento hormonal actualmente.

Tsai estuvo de acuerdo.

"Pienso prácticamente lo mismo", aseguró Tsai. "El editorial recalca que este es un estudio preliminar y los ensayos clínicos son el estándar dorado. Además, necesitamos confirmar nuestros hallazgos".

Tsai, quien trabaja actualmente como oncólogo de radiación en Radiation Oncology Consultants de Princeton, Nueva Jersey, aseguró que no desea que los pacientes de cáncer de próstata vean la terapia de privación de andrógenos con temor.

"No me parece que los pacientes deban tener miedo", dijo. "Esto es justamente lo que yo llamo información emergente y, aunque el aumento relativo en el riesgo cardiaco es grande, en términos absolutos sigue siendo muy pequeño".

El Dr. Nelson Neal Stone, profesor clínico de urología y oncología de radiación de la Facultad de medicina Mount Sinai de la ciudad de Nueva York, aseguró que el mecanismo exacto mediante el cual la TPA podría aumentar el riesgo de complicaciones cardiacas sigue sin ser definido, a pesar de una apreciación generalizada de la cantidad de problemas que acompañan al síndrome metabólico.

Así las cosas, sugirió que los médicos deberían enfocarse en la aparición del síndrome que amenaza la vida, así como en el tratamiento para prolongar la vida.

"El mensaje es que necesitamos comenzar a ponerle atención a la salud general de nuestros pacientes cuando los ponemos en terapia hormonal", dijo. "Y quizá deberíamos estarlos poniendo a dieta para controlar los efectos secundarios potenciales de la terapia, así como el efecto grave que pueda tener sobre su salud".

"No podemos eliminar las hormonas del todo porque hay un beneficio importante con ese tratamiento", agregó Stone. "Sin embargo, necesitamos desarrollar una buena estrategia para enfrentar las consecuencias negativas que puedan surgir".
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